Ayuntamientos 2.0

Planta del Monasterio

1. La Iglesia

Ábside central.
Retablo renacentista.

Del más puro y fino estilo gótico-cisterciense, dotada de una inusitada ingravidez gracias a su luminosidad, que a través de veinte ventanales nos hace partícipes de la Gracia de Dios, que San Bernardo identificaba con la Luz Blanca. Aquel siglo XIII, durante el cual se construyó desde los ábsides hasta el crucero, nos legó una de las más insignes muestras del Arte Gótico. La Orden Cisterciense, en su expansión por toda Europa, generalizó una normativa de construcción basada en la austeridad, la sencillez y el abandono de todo lo superfluo. En los comienzos del siglo XVI se completó la nave central quedando configurada la iglesia tal cual la admiramos hoy.

El Retablo Mayor renacentista (siglo XVI), es obra de Andrés de Melgar y de Guillén de Holanda, y fue concebido para situarlo en el ábside central, lugar del que fue trasladado en 1975 a los pies de la Iglesia, donde se ubica actualmente. Dedicado a NUESTRA SEÑORA, nos muestra la infinidad de sus virtudes. De entre los santos que la acompañan, destaca la tabla de La Virgen, San Bernardo y Leonor de Osorio, Abadesa donante del retablo.

Destacan en la capillas laterales las tallas de Cristo (siglo XIV) y de Nuestra Señora de Cañas (siglo XIII). El coro alberga varios enterramientos de Abadesas de los siglos XVI y XVII.

  

 

2. Sala Capitular

Sala capitular.

De lo más bello del conjunto Abacial es esta sala, de la segunda mitad del siglo XIII, en principio dedicada a reunión del Capítulo de Monjas hasta su transformación en cementerio. Su magnífica ornamentación se basa en la directriz Cisterciense de emplear elementos vegetales, toda vez que, según San Bernardo, la figuración humana distraían al monje o a la monja de la oración. Entre los sepulcros que alberga destaca el de la BEATA URRACA LÓPEZ DE HARO, obra destacada del arte funerario español del siglo XIII, con estatua yacente y escenas del entierro. Su cuerpo permanece en el mismo totalmente incorrupto. Le acompañan a ambos lados los de cuatro abadesas de los siglos XIII y XIV.

3. El Claustro

Claustro.

Muestra palpable de las diferentes épocas de construcción de la Abadía; siglos XII, XIII, XVI, XVII y XVIII, según se fue disponiendo de medios suficientes para configurar la disposición conventual completa. Doce portadas lo circundan, en estilos románico, gótico y mudéjar, destacando de entre todas ellas la de la Sala Capitular, fiel exponente de la ornamentación Cisterciense y sublime talla de la piedra hecha oración.

4. Cilla Museo

Cilla Museo.

Dependencia que constituía el almacén y bodega, (siglo XIII), donde se guardaban las cosechas, ha pasado a albergar una cosecha espiritual y artística, que constituye casi la totalidad de los fondos propios de la Abadía. Pequeños retablos, relieves, cuadros y tallas, que, a partir de finales del siglo XVI, fueron engrandeciendo esta colección. Dispuesta en cinco grandes temas: Los Santos del Cister, Primeros años de la vida de Cristo, La Pasión y Redención, La Virgen y Los Santos; nos va ilustrando acerca de los misterios de la religión, constituyendo un elemento claramente catequizador para todo visitante.

5. Sala de Reliquias

Sala de Reliquias.

La colección de reliquias que, desde su fundación y a lo largo de los siglos, ha ido atesorando la Abadía, se muestra dentro de la digna sobriedad que caracteriza el Arte del Cister, manteniéndose alejadas de la riqueza con que habitualmente solían ser arropadas y cubiertas.
La grandeza de las reliquias se expresa aquí sin necesidad de aparatosos receptáculos no exentos de interés y calidad artística. Destaca el armario relicario mandado hacer por la Abadesa Leonor de Osorio en el siglo XVI.

6. Tienda de Recuerdos

En la vida monástica Cisterciense es esencial mantener el equilibrio entre el Oficio Divino de las oraciones -siete veces al día acuden la monjas al coro-, la lectura y ampliación de la formación religiosa-monástica, y el trabajo; en el que se basa el medio primordial de vida de la Comunidad de Monjas. De estos trabajos, destacan de entre todos ellos la decoración en porcelana: vajillas completas, jarrones, bandejas, pequeños detalles para bodas, comuniones, bautizos, etc., y escudos heráldicos de apellidos, en su mayor parte confeccionados a mano; y asimismo la cuidada y esmerada elaboración de exquisitas pastas y rosquillas. También la confección de rosarios con una semilla cultivada en la huerta del Monasterio, es muestra del quehacer diario en esta Abadía de Cañas.

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